martes, 17 de junio de 2008

Hip* hip*

Hoy caminaba (inocentemente je!) de regreso hacia mi casa, cuando un personaje (que me resultaba familiar) de semblante obscuro, voz firme y paso errático me invito a tomar unas copas, yo acepté. Hablamos de tonterías, tu sabes, un poco de nada; la platica estándar sobre los hijos, la esposa... la amante.

Ya eran por ahí de las 9:00pm mi mirada ya se clavaba sin razón sobre el vaso frente a mi. Como siempre (pero en esta ocasión en especial), mi mente solo divagaba, divagaba sobre los frescos recuerdos de hace apenas unas semanas, esos recuerdos que no planee se quedaran ahí.

De pronto recordé que seguía hablando con el hombre junto a mi. Su boca seguía vociferando injurias sobre las mujeres; yo... bueno yo ya no tenia voz en ese asunto, o al menos no por ahora. El hombre siguió discutiendo consigo mismo por una hora mas, luego, la discusión se volvió balbuceo y el balbuceo se convirtió en cuchicheo... realmente no me molesto que mi compañero de bebida cayera sobre la barra, de todas maneras no me importaba mucho lo que estaba diciendo; por fin se callarían las palabras necias y podría meditar un poco sobre mis ideas dispersas.

Seguí bebiendo, los vapores del alcohol subieron a mi cabeza. Ya no podía pensar con claridad, la vista se nublaba y el pedir la cuenta fue una gran proesa, pues mi lengua parecía no querer decir lo que le ordenaba, y en vez de eso, susurraba palabras que parecían provenientes de algún dialecto del oriente medio.

Tropezando, salí de aquel antro de hedor repugnante, las calles parecían extrañas, aun cuando las había visto cientos de veces en ese estado de intoxicación, algo era diferente... aun no se que.

Creo que ya eran cerca de las once de la noche y trastabillaba ebrio por las calles, subí el puente de peatones y me detuve a mitad del puente a encender un cigarrillo. La avenida se veía hermosa! Algunos focos del alumbrado publico se habían apagado, el asfalto estaba húmedo y los arboles se movían con el viento, arrojando las gotas atrapadas en sus hojas. Mi vista se perdía en el horizonte y el zumbido de los automoviles bajo mis pies parecía distante, inhale otra bocanada de humo, y de pronto... silencio... solo silencio, lo recuerdo tan bien! tal y como si hubiera sucedido hace unas horas... si, lo recuerdo bien, creo que fue cuando pensé en ella, ella y sus señales de despedida (je!)... inhale otra bocanada de humo y continué con mi camino.